Adiós a ‘La Gaceta’, la biblia de la derecha española

Corre el mediodía del 21 de octubre de 2009 y ya no queda ni rastro de ‘La Gaceta’ en los kioscos: la maquinaria del Grupo Intereconomía, que acaba de comprarle el periódico (y de someterlo a un intenso lavado de cara y a un profundo cambio de entrañas) a la maltrecha empresa Negocios de Ediciones y Publicaciones, ha funcionado y los 100.000 ejemplares del diario se han vendido como rosquillas en unas pocas horas; un éxito que el resto de los medios de la casa celebra ruidosamente (el programa de televisión ‘El gato al agua’ es todo euforia). Sí, la magia de la primera vez, el engañoso pelotazo de lo novedoso.

Demasiada carga para una corporación al borde del precipicio, que a duras penas es capaz de capear el temporal de la crisis económica y que llega herida de muerte al año 2013: en febrero presenta un preconcurso de acreedores y empieza a despedir a profesionales; en junio comienza a retrasarse en el pago de las nóminas y a torear al personal, que pasa de unas sociedades a otras sin orden ni concierto; en julio, forzada por las deudas como inquilina, se ve obligada a trasladarse a una nueva sede; y mientras su presidente, Julio Ariza (quiere empezar de cero y dedicarse en exclusiva a la televisión) busca financiación, los rostros más populares de la casa abandonan el barco, en el que ya nadie cobra y donde se recurre al argumento de la baja productividad (!) para terminar de fulminar a la plantilla.

Por supuesto, ‘La Gaceta’, que tiene 150 profesionales, no sobrevive a la debacle. A pesar de que durante sus dos primeros años de vida obtiene resultados aceptables en cuanto a difusión y número de lectores (se hace un sólido hueco en el corazón de los varones de derechas, clase media alta y edad comprendida entre los 35 y los 54 años, que carecen de alternativa en los expositores de prensa), echa el cierre el 26 de diciembre de 2013 (se mantiene la versión online), lastrada por la crisis de la publicidad. Lo hace con una portada marca de la casa: “Mantengan la calma, este rey no abdicará”. Por su dirección, desde octubre de 2012 han pasado Carlos Dávila, Maite Alfageme, Eduardo García Serrano, José Javier Esparza y José Antonio Fúster.

Para la posteridad quedan aperturas incendiarias, como la que exhibe la estampa del extorero Jaime Ostos desnudo, que se tapa los genitales con una mano mientras con la otra señala una cicatriz cerca de su ingle, y con titulares como “Será constitucional, pero no es matrimonio”, en relación a las bodas entre homosexuales; “Matar vuelve a ser delito en España”, sobre la reforma de la ley del aborto, o “Nada máis”, en alusión al resultado del juicio sobre el caso del Prestige, un dardo contra quienes, al grito de “nunca máis”, pidieron responsabilidades al Partido Popular por la marea negra.